
Mil veces lo intenté,
mil veces lo dejé,
hoy quiero plasmar aquí
lo que fuiste para mí:
Fuiste un bebé hermoso
inquieto y avispado
que a mi vida llegaste
como rayo luminoso
en noche de tormenta
alumbrando el espacio.
Ya en mis entrañas
fuiste terremoto inesperado
en noches de tus juegos,
piececitos que empujaban
a mi estómago asombrado.
Cosquilleos, caricias y mensajes
respondian mis manos,
mi mente,
sobre el lecho flotante
de tu cuarto particular
en la casa de mi hogar.
Mensajes de mi alma
a la tuya
de arrullos, de besos,
de canto de nanas
al cuerpo invisible
que en mi retozaba.
Calmadas las ansias
de tanto retoce
dormidito quedabas dentro tu barca,
mi bebé querido
¡ cuanto te amaba !.
Los clines a mano
enjuagan mi llanto,
mi llanto sin clamor ,
mi llanto amordazado,
lo reflejan mis ojos
en ríos de lágrimas,
el llanto en mi pecho,
llanto disimulado
en el vivir de cada día,
en el pasar de los años.
Diamante bien pulido
a tus veinticuatro años;
mente despierta, arrogante,
bondadoso, cariñoso,
estudiante y trabajador nato.
Mi hijo amado:
El infortunio y el ocaso
hicieron mella
en mi corazón refulgente
orgulloso
de tu vida engrandecida,
a rebosar de halagos
por el bien que ibas dejando
a tu paso.
Sorpresa inimaginable,
dolor tempestuoso en mi corazón,
llama candente marcó mis sentimientos,
copa de hiel corrió por mis venas,
revuelto de sensaciones
acuciaron mis sentidos
sin creer lo que mis ojos veían,
tu cuerpo inerte a mis pies yacía.
El monstruo moderno, amenazante,
en forma de mujer beoda,
te arranco de mis brazos
hace veintiocho años,
aún te estoy viendo
en la carretera tirado.
No me convenció entonces
y menos ahora,
que Dios te había llamado
para ayudarle en el otro lado,
cuando acá hacías tanta falta
por tu humanidad ejemplar
para con tus hermanos
Sigo con los clines en mano
empapando de mis ojos
los manantiales desbordados
de lágrimas contenidas de años,
de tenerte sin tenerte,
amándote eternamente, hijo,
sangre de mi sangre,
en mi pensamiento existes
aunque no pueda tocarte.
Leonor Rodríguez Rguez.
mil veces lo dejé,
hoy quiero plasmar aquí
lo que fuiste para mí:
Fuiste un bebé hermoso
inquieto y avispado
que a mi vida llegaste
como rayo luminoso
en noche de tormenta
alumbrando el espacio.
Ya en mis entrañas
fuiste terremoto inesperado
en noches de tus juegos,
piececitos que empujaban
a mi estómago asombrado.
Cosquilleos, caricias y mensajes
respondian mis manos,
mi mente,
sobre el lecho flotante
de tu cuarto particular
en la casa de mi hogar.
Mensajes de mi alma
a la tuya
de arrullos, de besos,
de canto de nanas
al cuerpo invisible
que en mi retozaba.
Calmadas las ansias
de tanto retoce
dormidito quedabas dentro tu barca,
mi bebé querido
¡ cuanto te amaba !.
Los clines a mano
enjuagan mi llanto,
mi llanto sin clamor ,
mi llanto amordazado,
lo reflejan mis ojos
en ríos de lágrimas,
el llanto en mi pecho,
llanto disimulado
en el vivir de cada día,
en el pasar de los años.
Diamante bien pulido
a tus veinticuatro años;
mente despierta, arrogante,
bondadoso, cariñoso,
estudiante y trabajador nato.
Mi hijo amado:
El infortunio y el ocaso
hicieron mella
en mi corazón refulgente
orgulloso
de tu vida engrandecida,
a rebosar de halagos
por el bien que ibas dejando
a tu paso.
Sorpresa inimaginable,
dolor tempestuoso en mi corazón,
llama candente marcó mis sentimientos,
copa de hiel corrió por mis venas,
revuelto de sensaciones
acuciaron mis sentidos
sin creer lo que mis ojos veían,
tu cuerpo inerte a mis pies yacía.
El monstruo moderno, amenazante,
en forma de mujer beoda,
te arranco de mis brazos
hace veintiocho años,
aún te estoy viendo
en la carretera tirado.
No me convenció entonces
y menos ahora,
que Dios te había llamado
para ayudarle en el otro lado,
cuando acá hacías tanta falta
por tu humanidad ejemplar
para con tus hermanos
Sigo con los clines en mano
empapando de mis ojos
los manantiales desbordados
de lágrimas contenidas de años,
de tenerte sin tenerte,
amándote eternamente, hijo,
sangre de mi sangre,
en mi pensamiento existes
aunque no pueda tocarte.
Leonor Rodríguez Rguez.