
LAS YEMAS
Tamborilean los dedos
de unas manos sosegadas,
que, en la penumbra en cuentran
el óvalo de mi cara.
Sus ojos dos estrellas
que se asoman sin ver nada,
son las yemas de sus dedos
las que por sus ojos hablan.
Sensible piel de esas yemas
de terciopelo, seda y gasa,
se pasean por el jardín
de esta alma enamorada.
Cada encuentro es sorpresa,
su rostro queda extasiado,
concentrando su sentir
en las yemas que le claman.....
Las yemas trémulas, incandescentes,
se pasean por zonas tórridas
de mi barca solazada.
Es juego de pasiones
donde dos almas se estremecen
en amor incontenido,
entre el fulgor y la noche
Leonor Rodríguez Rodriguez
Tamborilean los dedos
de unas manos sosegadas,
que, en la penumbra en cuentran
el óvalo de mi cara.
Sus ojos dos estrellas
que se asoman sin ver nada,
son las yemas de sus dedos
las que por sus ojos hablan.
Sensible piel de esas yemas
de terciopelo, seda y gasa,
se pasean por el jardín
de esta alma enamorada.
Cada encuentro es sorpresa,
su rostro queda extasiado,
concentrando su sentir
en las yemas que le claman.....
Las yemas trémulas, incandescentes,
se pasean por zonas tórridas
de mi barca solazada.
Es juego de pasiones
donde dos almas se estremecen
en amor incontenido,
entre el fulgor y la noche
Leonor Rodríguez Rodriguez